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viernes, 17 de octubre de 2025

Ayer fue un día extraño

Ayer me ocurrió algo que nunca antes había vivido. Desde temprano, sin saber por qué, me sentía iracundo. Era como si algo dentro de mí se hubiese encendido sin razón aparente. Tenía ganas de discutir, de pelear, de confrontar al mundo. Y lo peor es que lo hice. Me enojé con mis estudiantes, con situaciones mínimas, con detalles que en otro momento habría dejado pasar sin mayor importancia.

Al llegar a casa, el mal genio seguía ahí, persistente, como si se hubiera pegado a la piel. Todo me molestaba. Cualquier cosa, por insignificante que fuera, era suficiente para hacerme estallar. Yo, que suelo ser paciente, ayer no lo era. Si me miraban, mal. Si no lo hacían, peor. Era como si todo a mi alrededor se hubiera convertido en un detonante.

Lo más desconcertante fue sentir cómo ese enojo brotaba desde adentro, como una especie de energía oscura difícil de controlar. No quería hablar con nadie. No quería escuchar a nadie. Solo quería alejarme de todo, mandar el mundo al carajo y quedarme en silencio.

No sé qué lo provocó ni qué significado tuvo, pero fue un día distinto. Extraño. Tal vez el cuerpo o la mente a veces necesitan explotar para recordarnos que también somos humanos, que no siempre podemos con todo, que no siempre tenemos el control.

sábado, 13 de septiembre de 2025

Hoy empezó todo

Hoy (ayer 12 de septiembre de 2025) iniciaron las inscripciones para el Doctorado en Administración de la Universidad del Valle, un programa que llevo en mente desde hace uno o dos años. Apenas supe que se había abierto el proceso, no lo dudé: me inscribí. Me faltan algunos documentos y terminar el proyecto para enviar, pero ya di el primer paso.

Lo curioso es que, mientras llenaba los datos del formulario, mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas. Era como si en ese momento se condensaran muchas emociones: ansiedad, miedo, felicidad. Todo al mismo tiempo. Creo que pocas veces en mi vida he tomado una decisión tan consciente como esta. Hacer este doctorado no solo es una apuesta por el futuro profesional que he decidido construir, sino también la posibilidad de cumplir un sueño que me ha acompañado desde niño: ser parte de la Universidad del Valle, convertirme en univalluno.

Esta noche, mientras revisaba entradas anteriores de este blog, no pude evitar recordar mis inicios en la Universidad Nacional de Colombia. Me vi otra vez allí, empezando mi pregrado en Administración de Empresas casi por casualidad, por un golpe de suerte que terminó transformando mi vida entera. Pensé en todo el camino recorrido, en el apoyo incondicional de mi familia, de mi mamita, de mis papás, de tantas personas que han estado a mi lado. Y eso me llenó de nostalgia, pero también de profunda gratitud.
Hoy estoy a la espera de terminar la inscripción, de formalizar todo, de enviarlo y, ojalá pronto, de matricularme y empezar esta nueva etapa. Sé que no será fácil, pero también sé que es lo que quiero. Por eso quise dejar plasmada esta fecha aquí, en este espacio que se llama Un Caleño pero que, quizá algún día, cuando lleve las dos insignias de las dos universidades públicas más importantes de mi vida, termine llamándose Un Hijo de la Pública. No lo sé. Lo que sí sé es que hoy empezó algo grande para mí.

martes, 2 de septiembre de 2025

Mi adolescente interior fue feliz: ver a Green Day en vivo fue una experiencia religiosa

El pasado 23 de agosto me di un regalo que llevaba mucho tiempo esperando: le cumplí un sueño a mi adolescente interior. Vi en vivo a Green Day, la banda de punk rock que me acompañó en tantos momentos de mi juventud.
Recuerdo cuando MTV todavía pasaba videos musicales y American Idiot o Basket Case aparecían entre canciones de Aerosmith, Robbie Williams o Michael Jackson. En mi colegio existía un pequeño movimiento punk que rechazaba a Green Day por ser “comerciales”. Pero a mí, más allá de las etiquetas, me gustaba cómo sonaban. No entendía bien lo que decían, pero conectaba con la energía.
Hubo épocas en que poner sus videos —ya en tiempos de YouTube— me ayudaba a sobrellevar pensamientos difíciles. Aprendí a pronunciar “twenty-one” en inglés con 21 Guns. Siempre quise verlos en vivo. Pero durante mucho tiempo no tuve cómo: ni dinero, ni visa para viajar, y cuando venían a Colombia, simplemente no podía. Antes de este año, Green Day había estado dos veces en el país… y en ambas ocasiones me lo perdí.
Todo cambió ese 23 de agosto. Viajé a Bogotá a encontrarme con Libardo, un gran amigo. No iba con muchas expectativas, siendo sincero: hacía rato no escuchaba más de tres o cuatro canciones seguidas de la banda, y solo las más populares. Un comportamiento bastante poser, lo admito. Pero lo que ocurrió superó cualquier idea que tenía.
El concierto fue una experiencia religiosa. Ni Paul McCartney —mi ídolo absoluto— ni Coldplay, a quienes adoro, me hicieron sentir lo que sentí con Green Day. Quizá porque ellos llegaron a mi vida cuando ya tenía criterio musical formado, mientras que Green Day fue parte del proceso de crecer, de buscar identidad, de sobrevivir emocionalmente a la adolescencia.
Y sí, fue religioso. El lugar vibraba. Todo comenzó con Bohemian Rhapsody de Queen, coreada por  40.000 almas como si Freddie Mercury estuviera en escena. Le dije a Libardo que estaba empezando a llover. Salió Drug Bunny, y con la mítica Blitzkrieg Bop de los Ramones, Green Day apareció en el escenario del Vive Claro, ese nuevo lugar para los conciertos en Bogotá. Apenas arrancaron con American Idiot, la lluvia empezó a caer con más fuerza… y no paró. Pero no importó: lo volvió mágico. Cada tema parecía empujar más fuerte, más alto. Y justo cuando sonó el último acorde de Good Riddance, con Billie Joe, Mike y Tré en escena, la lluvia se detuvo. Como si incluso el clima supiera que el ciclo se había cerrado.
Cada canción sonaba más potente que la anterior. El pogo se desató y Libardo se metió de lleno. Yo no fui capaz, pero no dejé de saltar, cantar, gritar, llorar. Sentí cada nota. La lluvia bogotana, fría e implacable, no fue un obstáculo: fue parte del espectáculo. Y Billie Joe Armstrong lo supo. Supo leer al público, supo entregarse.
Green Day me dio, hasta hoy, el mejor recital de mi vida. No hay palabras suficientes para describir lo que sentí. Más de una semana después, todavía lo llevo dentro. La única consecuencia negativa fue que, desde entonces, me cuesta escuchar sus canciones en estudio: ya no tienen la energía abrumadora del concierto.
Ver a Green Day fue la cereza del pastel. Lo repetiría mil veces. Pero sé que esa noche fue especial porque no solo vi a una banda en vivo… vi a ese adolescente que alguna vez fui, sonriendo, llorando, saltando de emoción. Por fin, fue feliz.

miércoles, 13 de agosto de 2025

Les quiero mucho, pendejes

Hace tiempo descubrí que, aunque disfruto estar solo y aprecio mi espacio, también valoro profundamente construir amistades sólidas. Mis amigos son pocos, pero importantes. Curiosamente, con las mujeres suelo tener una conexión especial: me confían sus cosas, a veces incluso más que los hombres. Sin embargo, ellos también me consideran alguien de confianza, y eso me alegra, porque para mí mis amigos son como una familia.
A los pocos —y pocas— que están, les tengo un cariño enorme. Esta semana escribí a varias amigas para decirles que las quería. Algunas se sorprendieron, otras lo recibieron con naturalidad. A los hombres no les dije nada; al final, seguimos siendo hombres y nos comunicamos distinto.

Lamento haberme alejado de algunos. Eso no volverá a pasar. No pienso permitirlo. Les quiero mucho, pendejes.

Reflexiones de madrugada

Aunque pueda parecer que tengo mucha experiencia en relaciones de pareja, la verdad es que no. Oficialmente solo he tenido tres novias, y, en realidad, aún no sé del todo cómo funciona este asunto. Con cada una de mis parejas anteriores he aprendido sobre la marcha, descubriendo en el camino cómo se supone que deben hacerse las cosas. Quizá por eso, en este momento, siento que hay aspectos que no están funcionando tan bien. Soy consciente de que hay situaciones que no sé manejar, y que tal vez deba aprenderlas… o tal vez debamos aprenderlas juntos.

Te lo digo porque quiero que lo sepas. Últimamente he estado muy pensativo sobre cómo han ocurrido las cosas, especialmente en ciertos días. Por mis experiencias pasadas, no quiero que se repitan errores ni dinámicas que me han lastimado. Lo que más me afecta es que se me atribuyan pensamientos o palabras que nunca he dicho; no sé cómo manejar esa sensación, porque para mí es algo nuevo.


Lo único que tengo completamente claro ahora es que me encanta estar a tu lado, que disfruto mucho de tu presencia y que deseo que trabajemos para que lo nuestro funcione bien. No me interesa correr ni adelantar pasos; lo que quiero es que construyamos algo sólido, sin prisas, y que evitemos que surjan barreras que nos alejen.

sábado, 28 de junio de 2025

Lo que aprendí al perderme (y volver a encontrarme)

A veces, la vida nos sacude con situaciones o personas que nos hacen cambiar por completo de perspectiva. Llegan en momentos clave, cuando quizás más las necesitamos, como un revulsivo que remueve certezas y despierta nuevas inquietudes. Pero, con el tiempo, esas mismas personas o experiencias pueden hacer que nos alejemos de quienes realmente somos.

Eso me pasó en los últimos años. No me arrepiento del todo —cada paso me trajo hasta aquí—, pero reconozco que hay heridas que aún duelen y momentos que, si pudiera, preferiría no haber vivido. Me equivoqué al distanciarme de mis amigos, al empezar a poner en segundo plano a mi familia para complacer a alguien más. Y aunque esa experiencia me dejó aprendizajes valiosos —como la necesidad de tener más orden o de replantear mis expectativas— también me enseñó que cuando algo no es para uno, lo más sabio es saber dar un paso al costado.

A veces las rupturas, aunque necesarias, se dan de manera tan dolorosa que lo único que generan es distancia. Y cuando esa distancia viene cargada de reclamos, malentendidos o incluso acusaciones injustas, el vínculo termina por desgastarse hasta volverse insoportable. Pensar en medidas drásticas, en cortar todo contacto, en silenciar lo que duele... eso tampoco está bien. Pero ocurre cuando la toxicidad se acumula y la comunicación ya no encuentra un espacio seguro.

Hubo momentos difíciles. Situaciones que rozaron el acoso, dinámicas de dependencia emocional y física que terminaron por quebrarlo todo. Y, aunque nunca se dio una conversación final que aclarara lo pendiente, hoy tengo la certeza de que fue lo mejor. Es un capítulo cerrado.

Hoy me siento en paz. Agradezco lo vivido, incluso lo doloroso, porque todo me trajo hasta este presente. Estoy bien con mi vida, con mi nuevo cargo, con los espacios que ahora habito y que me llenan de propósito. Ser coordinador de investigación en mi facultad, ser consultado y respetado por lo que hago, me recuerda que he recorrido un largo camino y que sigo construyendo mi futuro.


Y si por alguna razón esa persona lee esto, solo quiero decirle gracias. Gracias por lo que fue, por lo que dejó, y por lo que me obligó a descubrir de mí. Le pido, eso sí, que mantenga la distancia. Desde el momento en que aparecieron acusaciones sin fundamento —como poner en duda mi ética profesional— perdí el último gramo de aprecio que quedaba. Pero aún así, gracias. Porque incluso de eso aprendí.

Gracias también a la vida. Porque en medio del caos, siempre trae claridad. Porque cuando uno se encuentra consigo mismo, el camino vuelve a tener sentido.

viernes, 6 de junio de 2025

Agridulce despedida

Ayer, 5 de junio de 2025, viví una jornada profundamente agridulce. Se llevó a cabo la última Jornada de Sustentaciones de Opciones de Grado en la modalidad de investigación del Programa de Contaduría Pública de Uniminuto. En ella se presentaron los últimos estudiantes que iniciaron su camino en el semillero de investigación que tuve el privilegio de liderar.


Fue un momento de alegría, sin duda. Todos aprobaron, defendieron sus proyectos con solidez y obtuvieron excelentes resultados. Pero también fue un momento de despedida. Esta fue mi última jornada en la universidad, el cierre de un ciclo profesional que marcó mi vida. Uniminuto fue la institución que me brindó la oportunidad de convertirme en profesor universitario, y dejar ese espacio no es fácil.


La jornada estuvo además marcada por una noticia desalentadora que recibí esa misma mañana. Uno de los libros que presenté ante la universidad, ya evaluado y aprobado, fue rechazado justo antes de iniciar el proceso de publicación. Oficialmente se atribuyó a razones administrativas, pero no puedo evitar pensar que se trató de una decisión personal. El libro había pasado más de dos años en trámites internos, y al devolvérnoslo, se encontraba desactualizado frente al contexto académico actual. No fue por falta de rigor o de cumplimiento, sino por la falta de gestión oportuna. Resulta frustrante ver cómo un esfuerzo colectivo y comprometido se pierde por causas ajenas a lo académico.

Y sin embargo, mientras esto ocurría, en simultáneo se celebraban las ceremonias de grado de los nuevos egresados. En esa ceremonia, tres de los trabajos dirigidos por mí desde el semillero fueron reconocidos como laureados o meritorios. La gran mayoría de mis estudiantes se graduó. No estuve presente, pero me sentí cerca de ellos.

Me voy de la universidad con sentimientos encontrados. Hay molestia, claro, por cómo se dieron algunas cosas. Pero también hay gratitud. Mucha. Me voy sabiendo que di lo mejor de mí y que recibí experiencias que marcaron mi vida para siempre. El camino sigue, quizá en otros escenarios y con nuevos desafíos. Pero Uniminuto, con todo lo que implicó, ocupará siempre un lugar especial en mi historia.

lunes, 21 de abril de 2025

Prefiero la soledad, pero valoro a quienes eligen quedarse

No me gustan las multitudes ni socializar. Tengo muy pocos amigos por decisión propia, ya que suelo no escribirles ni hablarles con frecuencia. Cuando lo hago, es porque esa persona es realmente importante para mí.  

En una entrada anterior, compartí una confesión muy personal—quizá la más íntima que he hecho pública. Los sucesos que narré allí me marcaron profundamente y definieron muchas de mis actitudes actuales. Por ejemplo, cuando estoy frente a una chica que me gusta, a menudo siento temor y necesito confirmación antes de dar pasos como un beso, algo que no siempre es bien recibido. Esos mismos acontecimientos también reforzaron mi preferencia por la soledad y mi tendencia a evitar el contacto social.
Por eso quiero disculparme con aquellas personas a las que he ignorado, a quienes a veces trato como si fueran invisibles. No es que me caigan mal o algo por el estilo; simplemente, con el tiempo, me convertí en un "lobo solitario" y aprendí a valerme por mí mismo.  

Quizá por eso, cuando alguien logra llamar mi atención—o mejor aún, mantenerla—, significa que esa persona realmente me importa. No suelo socializar por compromiso, pero estoy trabajando en ello. Aunque disfruto de mi soledad, también aprecio la compañía de quienes eligen quedarse, incluso con lo difícil que a veces puedo ser.  

sábado, 19 de abril de 2025

mi confesión más personal

Hoy por primera vez quiero hablar de esto. Cuando tenía aproximadamente unos 12 años sufrí de abuso por parte de un "amiguito". Este vecino, alguien de mi edad, hacía pasar por un juego aquello que para mí era desconocido. Venía a mi casa a jugar y cuando nos quedábamos solos, algo normal si éramos niños, me forzaba a tocamientos y demás cosas. 
Está historia no la sabe casi nadie y desde hace poco he venido tratandola con mi psicólogo. Aprovecho que es semana santa para contarla aquí en mi blog porque hay mucho que ver por parte de la iglesia católica. Julián, así se llama mi agresor, era, cómo yo, monaguillo. Un día en la sacristía de Santa María del Valle, en el barrio Calima de Cali, volvió a forzarme y el sacerdote, quizá cómplice no hizo nada para evitarlo. El vio todo. Ese día deje de creer y no volví jamás a ese lugar. 
Julián aún sigue presente en mi barrio, es un borracho, gay que se la pasa por ahí andando. Mis papás le estiman, pero ellos no saben del daño que me hizo. 
Solo se que tengo algunos miedo al relacionamiento, miedos a la intimidad, entre otros que parecen estar conectados con estos espisodios. Esto no pasó una sola vez, pasó muchas veces. Aborrezco cada una de ellas y desafortunadamente las recuerdo completas. ¿Por qué escribirlo ahora? Porque quizá me he sentido mejor cuando lo suelto y porque mi proceso terapéutico me ha ayudado a soltar y a ser más franco. 
Julián David Torres, te aborrezco y espero que jamás vuelvas a acercarte a mi familia. El 31 de diciembre pasado tuviste la osadía de venir y saludar como si nada. Hoy se que si vuelve a pasar no seré responsable de mis actos. 

jueves, 14 de diciembre de 2023

Declaro oficialmente abierta la temporada del Grinch en mi

Por alguna extraña razón, siempre le he tenido mal agüero a esta época navideña. No es que sea amargado, pero siempre pasa algo. 
Cuando todos están celebrando y felices yo ando amargado y sin encontrar comodidad. La pasada ma idad fue un poco distinta y pensé que quizá está sería igual y por fin se rompería el ciclo. 
Sin embargo, aquí estoy clavado desahogandome no se exactamente de que. Llevo algunos días en mi casa y ya quiero mandar todo a la mierda. Quizá ese sea el problema. Pero desde mi perspectiva está fecha siempre ha sido más de peleas, malos ratos y nada más. No quiero más navidades, que pereza las fiestas. 
Declaro oficialmente abierta la temporada del Grinch en mi. Ninguna de mis expectativas se esta cumpliendo y solo he tenido peleas, alegatos y hasta una salchipapa armó polémica. 
¡Me cansé!

jueves, 21 de septiembre de 2023

Sensación extraña

Extrañas sensaciones se presentan en mi pecho. No sé si es algo premonitorio o un reflejo del enredo mental. Está es la segunda noche donde siento un opresión en el pecho extraña. Como una sensación rara que no se a que atribuirla.
No me preocupa estar enfermo, me preocupa más bien su significado. Así como llega, así suele irse. ¿Será el estrés? No lo sé.
Solo espero que se vaya y nunca vuelva, está sensación extraña.

martes, 7 de diciembre de 2021

tristes navidades

Desde hace como unos diez años la peor época del año en mi casa es la decembrina. No es porque algún miembro falte o se fuera para estas fechas. Es porque los problemas, las malas caras acumuladas del año y el cansancio se han acumulado y ya uno no quiere poner luces, prender velas, ni nada parecido.

En mi casa es motivo de pelea en tanto no nos ponemos de acuerdo para nada. Que la cena, que las luces, que esto o lo otro. Además, el hecho de dejar para esta época todo lo que no se hizo en el año desata las discusiones. 

Ya no quiero más navidad, que diciembre sea un junio y listo. Un mes más, normal, cómo cualquiera otro. No me importa que me llamen aguafiestas. 

domingo, 10 de octubre de 2021

CICLO CERRADO Y MISIÓN CUMPLIDA

El pasado 8 de octubre de 2021 recibi mi diploma que oficialmente me hace un Adminsitrador de empresas. Aunque la ceremonia de grados se habia llevado a cabo de forma virtual el 3 de abril y me habian entregado un diploma y acta digital solo hasta el pasado viernes sentí la felicidad del logro.

Lo más importante de todo es sentir como me he ido desligando de la universidad poco a poco como estudiante. El cilo fue cerrado, aunque aun estoy en mi master. Ahora quiero seguir por este camino que me he dado cuenta que me apasiona la académia, me gusta enseñar, me gusta ivestigar y mi proposito es empezar en ello. Ahora mismo disfruto mi trabajo en la Universidad del Valle aunque no esté relacionado con docencia o investigación. 

Hoy solo pasaba a decir: CICLO CERRADO Y MISIÓN CUMPLIDA.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Estar a un paso

Estar a un paso del final y sentir que se aleja la meta. Sentir que ese paso cada vez es más difícil. Las adversidades de la vida parecen estar ganando la batalla.

¿Que se puede hacer? No lo sé. Especialmente cuando la carrera parece ser más larga de lo presupuestado y las energías están al límite. ¿Que voy hacer? No lo sé, pero solo debo seguirm

lunes, 20 de enero de 2020

Juntos

Ayer te decía que estaba haciendo planes contigo. Te hice participe de ello por qué quiero demostrar que esto va en serio. 

Lo anterior no solo significa que podemos hacer negocios, planes y cosas juntos. Significa, además, que puedes contar conmigo para todo y que yo espero hacerlo contigo. Sin embargo, debemos aprender a como reacciomar ante ciertas situaciones. 

Quiero poder estar a tu lado y crecer juntos. Salir de todas las adversidades y vicisitudes que nos plantea la vida. Lo único que tengo claro es que cuando estamos juntos todo parece mejor. 

lunes, 4 de noviembre de 2019

Cerrando ciclos, abriendo oportunidades

Estoy en esa etapa de mi vida en la que estoy cerrando ciclos. Muchos de estos estaban anunciados, sobre todo por personas de mi entorno que ahora celebran este momento.
Se siente extraño pero a la vez bien. Ha Sido duro pero necesario. Volver a tener control sobre esos aspectos ha servido para tener tranquilidad; especialmente las últimas semanas.
Sigo cerrando ciclos y a la vez abriendo nuevas oportunidades que están llegando para bien. Gracias a todos los que, de una u otra forma, se han preocupado por mi y me aconsejaron en uno u otro sentido.

¡Lo que viene será mejor! Estoy seguro.

sábado, 20 de julio de 2019

Entre la espada y la pared

Entre la espada y la pared, así me siento justo ahora. Hay momentos en los que uno debe tomar decisiones, se supone que en la carrera que escogí se deben tomar decisiones a cada momento. Sin embargo, hay decisiones que tienen mayor trascendencia que otras.
En este momento, creo enfrentar el preámbulo de una posible decisión que podría afectar muchos aspectos de mi futuro inmediato y mi futuro a largo plazo. No pensé que llegaría el momento en que tuviera tanto peso una decisión en mi vida, muchos menos que está decisión fuera de este nivel.
La verdad no sé qué hacer. Lo único que estoy haciendo es intentar recopilar toda la información posible y asesorarme de diferentes personas con quien pueda hablar de ello. Aún así, se que el peso de lo que decida, que sus consecuencias serán grandes e importantes para mi. En cualquiera de las dos opciones ganaré y perderé. En cualquier de las dos, se afectará mi poca estabilidad actual y no quiero que pase ni lo uno ni lo otro.
Al parecer, lo único que me quedaría sería intentar buscar un punto medio pero tengo miedo. Lo que debo hacer en ese caso es algo que podría traicionar una confidencia y en todo caso enfrentar argumentos que considero de autoridad y de respeto.
¿Qué voy hacer? No lo sé, espero poder tener la mayor claridad y racionalidad posible. 

miércoles, 23 de mayo de 2018

De rodillas

Sé perfectamente cuanto daño te causé;
Me reconozco culpable de las lágrimas derramadas;
Y no hay nada que en el fondo de corazón yo pueda hacer para remediar las amarguras y las heridas pasadas;
Ten presente que como todo humano me equivoqué;
Que mi piel se hizo tan débil que la serpiente arrastrada sabía muy bien que era una presa muy fácil de roer;
Por eso sólo te pido que me permitas un instante tu mano;
Que sientas igual que yo el temblor que hay en mi cuerpo;
Creo que es el temor natural de haberte dañado, de perderte
Que te he roto el corazón en mil pedazos, que te he fallado
Y no pido que automático sea el perdón que me brindes;
Por eso andaré con calma recordándote muy paciente;
Que aunque sea un cobarde por haber accedido a mentirte;
Aquí estaré esperando a que sanes como tu guardián valiente.



lunes, 14 de mayo de 2018

Solo. Felíz cumpleaños

Cuando digo que nunca me había sentido tan solo lo digo en serio. Hace años decía que me sentía solo al punto de que deje de celebrar mi cumpleaños pues no había un motivo. Este año tenía esperanzas de pasar un buen día con los que quiero y resulta que volví a estar solo. Más aún cuando ahora conozco más y nuevas personas y quiero más ciertas personas.


Me duele saber que no fue importante para nadie verme, llamarme ni nada. Creo que empezaré a reconsiderar mi trato y la importancia que le doy a las personas. Agradezco a quienes me dejaron su mensaje en Facebook o a quienes me escribieron por Whatsapp.

Este año, cuando conozco más gente, me sentí más solo que nunca.



jueves, 15 de marzo de 2018

¿Por qué necesitamos tan desesperadamente ser aceptados, a tal punto de volverse algo trascendental en nuestra vida?

¿No vamos acaso, en contra de nuestros principios, valores y creencias, por recibir la aceptación social?

Hemos dejado de ser nosotros para convertirnos en la sombra de alguien más. Somos un mero reflejo de "lo que queremos ser y no podemos". Somos un reflejo de lo que otros quieren que seamos.

Buscamos la aceptación a toda costa.

Y es que, en este mundo, donde lo que realmente importa son las apariencias, el qué dirán,  la percepción de quienes nos rodean acerca de nosotros y el juzgar y ser juzgado (pero claro, evitando, de ser posible, el ser juzgado), ¿Quién podría ser tan valiente y auténtico para enfrentar, aceptar y asumir las consecuencias de ser quien es?

Y entonces surge la pregunta "¿Quién eres cuando nadie te está viendo?"

Somos universos, rompecabezas, infinitos. Somos polvo de estrellas. Somos una llama que en cualquier momento se convierte en incendio. Somos arte.
Somos nuestros gustos raros, nuestros éxitos y fracasos. Somos nuestros miedos y el cómo los enfrentamos. Somos las oportunidades que damos y que nos dan, las que aceptamos y las que dejamos pasar. Somos nuestras cicatrices. Somos el amor que damos y el que recibimos. Somos causa y efecto...

Y al final de cuentas, somos como somos por un montón de razones, pero también, somos lo que hacemos para dejar de ser quienes somos.