lunes, 19 de diciembre de 2016

Tú, el oasis de mi desierto.


En ocasiones nos equivocamos estúpidamente, pensando que esa persona podría ser la indicada, porque quizá tenga un pensamiento diferente y su discurso sea el que se considere ideal para esta persona que lo escucha, pero lo triste del asunto es que en muchas ocasiones el discurso de aquel fulano o aquella fulana es espectacular, sin embargo no tiene coherencia alguna con aquello que practica o que piensa en su interior, muchos les dicen morrongos, otros asolapados y supongo que existen muchas palabras para referirse a esas personas.

En ocasiones llevamos bastante tiempo esperando a una persona con la que valga la pena trasnochar, reírse, pasar su tiempo, compartir juntos y demás y tal vez se aparece aquel fulano o fulana como un oasis en nuestro desierto, ese desierto emocional llamado corazón.

Y es tan sólo eso un oasis, un espejismo, en el cual nos sumergimos pero llega el momento en que tragamos tierra en vez de agua y nos damos cuenta lo cegados que estuvimos al no reconocer la realidad.